¡Qué dificil!
Poner palabras a los sentimientos es muy dificil. Pero mucho eh...
Después de 10 años, 8 meses y 3 días he vuelto, y no con la frente marchita.
Hoy toca invitar a mis lectores a un viaje imaginario por mi Buenos Aires tan querida como mucho veces odiada, llena de ese halo melancólico capaz de elevarte a ese cielo celeste turqueza o de sepultarte en el infierno rojo, tan rojo como la misma pasión (si es que la pasión tiene color...).
Ibamos en coche con mi hermano camino a casa de mi Madre y yo sentía como el corazón me golpeaba más y más fuerte. El sueño de Noa se estaba haciendo realidad. Y el nuestro también por supuesto, porque para saber hacia donde vamos tenemos que saber de donde venimos y para nosotros, que ella pudiera vivir su parte argentina, era y es muy importante.
La cara de Noa al descubrir la inmesidad ha sido para enmarcarla. Todo es grande, todo es exagerado, todo es mucho... Esas calles infinitamente largas, increíblemente anchas... los edificios tan altos... los aviones tan cerca... Por grande, hasta grandes son los helados "pequeños" y normal que toda esta situación asuste al principio, pero en menos de un día ella perfectamente integrada hizo de la ciudad, su ciudad...
En próximas entradas les hablaré de pasiones argentinas, de arquitectura porteña, de folklore callejero, de la típica viveza criolla y les daré algunas que otras recomendaciones por si alguna vez tenéis intención de caminar por sus calles y conocer a sus gentes...
Hoy solo puedo acotar, mientras se me pianta un lagrimón, es que después de tantos años, todo está tan igual y tan sumamente distinto... Será que ya no te miro con los mismos ojos de entonces Bentida Buenos Aires, y sin embargo... te quiero.
Hasta la próxima!





























